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miércoles, 20 de julio de 2016

"Dibujar en la oscuridad" en el periódico 20minutos, por Óscar Esquivias



«Dibujar en la oscuridad» se abre con un prólogo, maravillosamente escrito, en el que el autor cuenta un accidente infantil que le hizo ser consciente de la fragilidad de la vista: durante un rato estuvo con los ojos cerrados, persuadido de que no iba a volver a ver. La posibilidad de la ceguera, su amor posterior por el arte de William Blake y ciertas experiencias con el LSD, le hicieron concebir un ritual que le permitiera convertirse en médium, romper las barreras de la racionalidad y comunicarse con los muertos. Así nació la primera de las «sesiones psicográficas», en las que Pablo Gallo dibuja a ciegas mientras el músico Iago Alvite ejerce de Virgilio y hace sonar músicas que le guían en su viaje por el país de la sombra. Algunos dibujos de estas sesiones son los que ilustran este libro: con mucha frecuencia aparecen desnudos femeninos (y a mí esto me parece muy conmovedor: parece decirnos que lo último que pierden los fantasmas es el deseo carnal). Aparte, «Dibujar en la oscuridad» contiene reflexiones y citas esotéricas y un catálogo de espiritistas.

El artículo completo aquí:


http://www.20minutos.es/opiniones/oscar-esquivias-dos-libros-muy-muy-raros-2774417/

jueves, 20 de enero de 2011

Tres retratos matutinos

Sofía Castañón

Continúo dibujando por la mañana temprano, después del desayuno.
Hoy, tras ingerir un nuevo zumo de naranja recién exprimido, he realizado tres retratos matutinos a partir de fotografías que hice en su momento a Sofía Castañón y a Alberlo Olmos en junio en Madrid, y a Óscar Esquivias. en agosto en Villandiego, Burgos.
Creo que son ellos. Me atrevería a decir que sí. Creo que he logrado captar algo en sus rostros o gestos (por poco que sea) que les hace reconocibles. Supongo que de eso se trata. Hace tiempo que tenía en mente hacer estos retratos. A menudo necesito ordenar mi vida a base de retratar lo que vivo, pero siempre hay algo que se queda en el tintero.
Ya lo decía un tal Pablo Picasso: pintar es otra manera de llevar un diario.



Alberto Olmos


Óscar Esquivias


viernes, 15 de mayo de 2009

Madrid

Café Pepe Botella, plaza Dos de mayo, Madrid


He pasado dos días en Madrid. Hacía unos siete años que no viajaba allí. Y es más que probable que allí realice la exposición que titularé Relecturas. Será en un lugar llamado Hotel Kafka (calle Hortaleza 104), que es en realidad una escuela de escritura con librería y sala de exposiciones. Es posible que la muestra tenga lugar en octubre (cuando conozca con seguridad las fechas, quizá lo sepa a principios de septiembre, ya dejaré por aquí más información).

El miércoles, tras visitar el Hotel Kafka, quedé con dos escritores que participan en el Libro de voyeur. Da la casualidad de que los dos últimos libros que he regalado han sido libros de estos dos escritores, Tatami de Alberto Olmos e Inquietud en el paraíso de Óscar Esquivias.

Primero quedé con Alberto Olmos a las ocho en el Café Pepe Botella, situado en la Plaza Dos de mayo. Lugar que con frecuencia el escritor menciona en su blog, lugar que me resultó muy acogedor. Después fuimos al Café La Palma. Allí quedamos con Óscar Esquivias, a quien conocí no hace mucho en Bilbao.

A continuación cenamos los tres en el bar El Maño: mejillones tigre, croquetas caseras y patatas bravas.

Alberto está a punto de publicar una nueva novela titulada El estatus.

Óscar, que ha ganado este año el Premio Setenil de Cuentos por su libro La Marca de Creta, anda enfrascado escribiendo teatro.

Más tarde, tras entrar y salir de un bar de manera fugaz y enterarnos de que el Barça había ganado cuatro a uno al Athletic de Bilbao, tomamos la última caña en una cafetería decadente de no sé que calle y que estaba a punto de cerrar sus puertas.

A la mañana siguiente me desperté a las ocho y media con la idea de que, después de siete años sin pisar Madrid, no podía dejar de visitar el Museo del Prado. Así que a las diez me subí al metro en Avenida de América y, tras un trasbordo en Príncipe de Vergara, me bajé en Banco de España. Desde allí caminé ocioso hasta el museo atravesando una gran manifestación de sindicatos de trabajadores europeos. Una vez en la pinacoteca, disfruté una vez más con las obras de Velázquez, Zurbarán, la serie de pinturas negras de Goya, un pequeño y maravilloso bodegón de Sánchez Cotán.

Al entrar al Prado me dije que no visitaría la tienda del museo, pero al final no me pude resistir. Y me compré, por once euros, un librito que tiene muy buena pinta: Memorias biográficas de pintores extraordinarios (Editorial Sexto Piso), del escritor inglés William Beckford.

Por lo demás, los dos días que pasé en Madrid estuvieron marcados, en los distintos medios de comunicación, por la muerte del músico Antonio Vega.



Interior del bar El Maño, calle La Palma, Madrid

Retrato de Antonio Vega