jueves, 30 de abril de 2009

Ernest Hemingway


Retrato de Ernest Hemingway
(acrílico sobre lienzo, 35 x 27 cm, abril 2009)


"Soy un hombre viejo y cansado. Pero he matado a este pez que es mi hermano y ahora tengo que terminar la faena -dijo-. Sujetó al pez [...] era como amarrar un bote mucho más grande al costado del suyo [...] El tiburón no era un accidente. Había surgido de la profundidad cuando la nube oscura de la sangre se había dispersado en el mar a una milla de profundidad. Había surgido tan rápidamente y tan sin cuidado que rompió la superficie del agua azul [...] Cuando el viejo lo vio venir se dio cuenta de que era un tiburón que no tenía ningún miedo y que haría exactamente lo que quisiera [...] El viejo tenía ahora la cabeza despejada y estaba lleno de decisión, pero no abrigaba mucha esperanza [...] "El hombre no está hecho para la derrota -dijo-. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado".

Fragmento de El viejo y el mar, de Ernest Hemingway.

lunes, 27 de abril de 2009

Relecturas

Relecturas II
(acrílico sobre lienzo, 81 x 145 cm, abril 2009)



Me gustaría realizar algún día una exposición titulada Relecturas, en la que se mostrarían, de manera intercalada, pinturas en las que apareciesen personas leyendo, pequeños retratos de insignes escritores y micrometrajes basados en la obra de estos insignes escritores. Así de fácil.

En esto trabajo últimamente.




Detalle de Relecturas II



Detalle de Relecturas II




martes, 21 de abril de 2009

William Burroughs

Retrato de William Burroughs
(tinta sobre papel, 29 x 21 cm, abril 2009)
 
Gamberros rockeros adolescentes toman por asalto las calles de todas las naciones. Irrumpen en el Louvre y arrojan ácido al rostro de la Gioconda. Abren puertas de zoos, manicomios, cárceles, revientan las conducciones de agua con martillos neumáticos, rompen a hachazos el suelo en los lavabos de los aviones comerciales, apagan faros a tiros, liman los cables de ascensor hasta dejar un solo hilo, conectan las alcantarillas a los depósitos de agua, arrojan tiburones y rayas, anguilas eléctricas y candirús a las piscinas (el candirú es un pez pequeño en forma de anguila o gusano de medio centímetro de grosor y de unos cinco de largo que circula por ciertos ríos de mala reputación de la cuenca del Amazonas, y que se cuela por la picha o por el culo, o por el coño de las mujeres faute de mieux, y se queda allí enganchado gracias a sus espinas afiladas sin que se sepa bien con qué objeto porque no ha habido ningún voluntario que observe in situ el ciclo vital del candirú), meten el Queen Mary a toda máquina en el puerto de Nueva York vestidos de marineros, hacen carreras con aviones y autobuses de pasajeros, irrumpen vestidos de bata blanca en hospitales y clínicas llevando serruchos y hachas y bisturíes de un metro de largo; sacan a los paralíticos de sus pulmones de acero (imitan sus ahogos revolcándose por el suelo con los ojos desorbitados), ponen inyecciones con bombas de bicicleta, desconectan riñones artificiales, cortan a una mujer por la mitad con una sierra quirúrgica de dos manos, meten piaras de cerdos gritones en la Bolsa, cagan en el suelo de las Naciones Unidas y se limpian el culo con tratados, pactos, alianzas.
(Fragmento de El almuerzo desnudo, de William Burroughs)


lunes, 20 de abril de 2009

Fallece J.G. Ballard

Retrato de J.G. Ballard (tinta sobre papel, 29 x 21 cm, abril 2009)




CREDO, por J.G. Ballard

  • Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, para liberar la verdad que llevamos adentro, para sujetar la noche, para trascender la muerte, para hechizar las autopistas, para congraciarnos con los pájaros, para asegurarnos las confidencias de los locos.

  • Creo en mis propias obsesiones, en la belleza del choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en las excitaciones de la playa de vacaciones desierta, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los edificios para estacionamiento de coches, en la poesía de los hoteles abandonados.

  • Creo en las olvidadas pistas de aterrizaje de Wake Island que apuntan hacia los Pacíficos de nuestras imaginaciones.

  • Creo en la misteriosa belleza de Margaret Thatcher, en el arco de las ventanas de su nariz y en el brillo de su labio inferior- en la melancolía de los conscriptos argentinos heridos@ en las 'obsesionadas sonrisas del personal de las gasolineras- en mi sueño de Margaret Thatcher acariciada por ese joven soldado argentino en un motel olvidado ante la mirada de un tuberculoso empleado de una gasolinera.

  • Creo en la belleza de todas las mujeres, en la perfidia de sus imaginaciones, tan cercana a mi corazón; en la unión de sus cuerpos desencantados con los encantados rieles cromados de los mostradores de los supermercados; en su cálida tolerancia de mis propias perversiones.

  • Creo en la muerte del futuro, en el agotamiento del tiempo, en nuestra búsqueda de un tiempo nuevo dentro de las sonrisas de las camareras de las autopistas y de los ojos cansados de los controladores del tráfico aéreo en aeropuertos fuera de estación.

  • Creo en los órganos genitales de los grandes hombres y mujeres, en las posturas corporales de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y la princesa Di, en los dulces olores que emanan de sus labios mientras miran las cámaras del mundo entero.

  • Creo en la locura, en la verdad de lo inexplicable, en el sentido común de las piedras, en la demencia de las flores, en la enfermedad reservada para la raza humana por los astronautas de la 'misión Apolo.

  • Creo en nada.

  • Creo en Max Ernst, Delvaux, Dalí, Tiziano, Goya, Leonardo, Vermeer, Chirico, Magritte, Redon, Durero, Tanguy, el Facteur Cheval, las Torres de Watts, Bocklin, Francis Bacon, y todos los artistas invisibles encerrados en las instituciones psiquiátricas del planeta.

  • Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en el disparate del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en la intención asesina de la lógica.

  • Creo en las mujeres adolescentes, en su corrupción por la postura de sus propias piernas, en la pureza de sus cuerpos desaliñados, en los rastros de partes pudendas que dejan en los baños de hoteles miserables.

  • Creo en el vuelo, en la belleza del ala, y en la belleza de todo lo que ha volado alguna vez, en la piedra arrojada por un niño pequeño, que lleva la sabiduría de los estadistas y de las parteras.

  • Creo en la dulzura del bisturí del cirujano, en la ¡limitada geometría de la pantalla del cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la locuacidad de los planetas, en nuestra repetitividad, en la inexistencia del universo y en el aburrimiento del átomo.

  • Creo en la luz que emiten los grabadores de video en las vidrieras de las tiendas, en las mesiánicas agudezas de las rejillas de los radiadores de los automóviles de exhibición, en la elegancia de las manchas de aceite en las barquillas de los motores de los 747 estacionados en las pistas asfaltadas de los aeropuertos.

  • Creo en la inexistencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente.

  • Creo en el trastorno de los sentidos: en Rimbaud, William Burroughs, Huysmans, Genet, Céline, Swift, Defoc, Carroll, Coleridge, Kafka.

  • Creo en los proyectistas de las Pirámides, el Empire State Building, el Führerbunker de Berlín, las pistas de aterrizaje de Wake Island.

  • Creo en los olores corporales de la princesa Di.

  • Creo en los próximos cinco minutos.

  • Creo en la historia de mis pies.

  • Creo en las jaquecas, el aburrimiento de las tardes, el miedo a los calendarios, la traición de los relojes.

  • Creo en la angustia, la psicosis y la desesperación.

  • Creo en las perversiones, en nuestro enamoramiento de árboles, princesas, primeras ministros, gasolineras abandonadas (más bellas que el Taj Mahal), nubes y pájaros.

  • Creo en la muerte de las emociones y en el triunfo de la imaginación.

  • Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.

  • Creo en el alcoholismo, en las enfermedades venéreas, en la fiebre y en
    el agotamiento.

  • Creo en el dolor.

  • Creo en la desesperación.

  • Creo en todos los niños.

  • Creo en los mapas, los diagramas, los códigos, los juegos de. ajedrez, los rompecabezas, los horarios de vuelos, los letreros indicadores de los aeropuertos.

  • Creo en todos los pretextos.

  • Creo en todas las razones.

  • Creo en todas las alucinaciones.

  • Creo en todas las rabias.

  • Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías, evasiones.

  • Creo en el misterio y la melancolía de una mano, en la bondad de los árboles, en la sabiduría de la luz.


(Noticia del fallecimiento de J.G. Ballard pinchando AQUÍ)

jueves, 16 de abril de 2009

Desde el desván

Dejo hoy aquí un breve video sobre el lugar que inspira muchos de mis micrometrajes, el desván de la casa en la que vivieron mis abuelos, un lugar mágico desde mi más tierna infancia.

martes, 14 de abril de 2009

El micrometraje de abril: El perseguidor





“Es curioso, ha sido necesario escuchar esto, aunque ya todo convergía a esto, a Amorous, para que yo me diera cuenta de que Johnny no es una víctima, no es un perseguido como lo cree todo el mundo, como yo mismo lo he dado a entender en mi biografía (por cierto que la edición en inglés acaba de aparecer y se vende como la coca-cola). Ahora sé que no es así, que Johnny persigue en vez de ser perseguido, que todo lo que le está ocurriendo en la vida son azares del cazador y no del animal acosado. Nadie puede saber que es lo que persigue Johnny, pero es así, está ahí, en Amorous, en la marihuana, en sus absurdos discursos sobre tanta cosa, en las recaídas, en el librito de Dylan Thomas, en todo lo pobre diablo que es Johnny y que lo agranda y lo convierte en un absurdo viviente, en un cazador sin brazos y sin piernas, en una liebre que corre tras de un tigre que duerme.”



Fragmento del cuento El perseguidor, perteneciente al libro Las armas secretas de Julio Cortázar.





Retrato de Julio Cortázar (lápiz sobre papel, abril 2009)

lunes, 13 de abril de 2009

Mi amigo Samuel

Retrato de Samuel Fernández
(29 x 21 cm, tinta sobre papel, 2007)



He pasado una semana en Los Altos de Burgos, en el pueblo donde nació mi padre, donde realizo los micrometrajes. Allí ha pasado también unos días mi amigo Samuel, coruñés errante que en el último año y medio a vivido en Madrid, Lanzarote y Orense, desempeñando muy diferentes trabajos, y parece que pronto empezará a trabajar en Santiago, así que poco a poco se va acercando a casa.

Hace unos trece años, allá por 1996, cuando teníamos 21 años, Samuel escribió un texto sobre mí a partir de un sueño que tuvo. Desde entonces guardo ese texto con gran cariño. Aquí lo dejo:



Mi amigo Pablo vive en una cajita de cristal sin ventanas ni aire acondicionado. Le gusta respirar su propio aliento. A veces, cuando se aburre, sale para darse una vuelta conmigo. Me invita a unas cervezas o a un litro de pacharán si está de humor. Escucha todo lo que le cuento con una sonrisa en los labios. Y me concede casi todos mis caprichos.

Pablo es una especie de diablo con un aire de figurilla de porcelana. De estas figurillas de aristócratas franceses del siglo XVIII que primero columpian a alegres doncellas a orillas de un lago de aguas cristalinas y después se las follan salvajemente.

Una sonrisa por la que se asoma un ya-te-pillaré, así es la sonrisa de mi amigo Pablo.

El otro día me llevó a caminar sobre un tejado plano y transparente. Creo que era el tejado de un museo, de una galería de arte o algo así, dentro había algunas estatuas. La ciudad parecía otra cosa desde allí arriba. Las luces, los coches, el ruido… eran tan graciosos. De repente mirabas debajo de tus pies y podías ver que el suelo de aquella casa estaba a veinte metros de distancia. Veinte metros de aire entre el suelo y aquel techo de cristal. Éramos como ángeles flotando allí arriba.

Pablo no le dio mucha importancia a esto. Se sentó en medio del tejado y se puso a mirar el cielo. Era de noche.


- Oye Samuel, si tuvieses alas, dónde te gustaría tenerlas… cómo te las imaginas…


- Pues… no sé… nunca me lo he planteado… Creo que unas alas de esas como las que le ponen a los ángeles quedarían bastante bien ¿no?


- Sí quizá… pero la verdad es que últimamente le he estado dando vueltas a la cabeza sobre este asunto y… he llegado a la conclusión de que si yo tuviese alas me gustaría tenerlas aquí en donde tengo las orejas, ¿sabes? Ahí es donde realmente quedan bien. ¿No crees que es el lugar más apropiado?... Tener unas pequeñas alitas en vez de orejas sería perfecto. Unas alas como las de las palomas… No, no, qué digo. Tendrían que ser más pequeñas… Como las de un canario. ¡Sí, eso, como las de los canarios!... Y amarillas, serían amarillas también. ¡Qué..! ¿Qué opinas?


- Bueno… Me las estoy imaginando y me gustan. Te sientan bien… te dan un aire interesante. Je, je, je…


- Oye… ¿Crees que podría volar con ellas? ¿Crees que debería intentarlo?


- Supongo que sí… Tú sí que podrías… Lo malo es que vas a tener que esperar a que te crezcan… y pueden pasar muchos años. Tal vez te mueras antes. No vivimos eternamente.


- Sí… tienes razón… Sabes, creo que he estado todo este tiempo pensando en una auténtica tontería… ¡Por Dios! ¡Cómo no lo pensé antes! ¡Me siento tan estúpido!


- ¡Vamos, Pablo, no exageres! ¡Tampoco es para tanto! ¡Yo ni siquiera me lo había planteado hasta ahora!


- Bueno… bueno… da igual. Lo único que quiero ahora es marcharme a mi casa. Necesito descansar. ¿Qué haces, te quedas?


- Sí, me voy a quedar un rato.


- Te llamo cuando me encuentre bien eh? Hasta luego.


- Hasta entonces.



Samuel en la playa de Chamín, Arteixo, A Coruña
(tinta y acuarela sobre papel, 2004)


viernes, 3 de abril de 2009

Kafka & Monterroso



Retrato de Franz Kafka (tinta sobre papel, 29 x 21 cm, 2007)



“Ordené sacar mi caballo del establo. El criado no me comprendió. Fui yo mismo al establo, ensillé el caballo y monté. A lo lejos oí el sonido de una trompeta, le pregunté lo que aquello significaba. Él no sabía nada, no había oído nada. En el portón me detuvo para preguntarme:
-¿Hacia dónde cabalga el señor?
-No lo sé -respondí-. Sólo quiero irme de aquí. Partir siempre, salir de aquí, sólo así puedo alcanzar mi meta.
-¿Conoce, pues, su meta? -preguntó él.
-Sí -contesté yo-. Acabo de decirlo. Fuera de aquí, tal es mi meta.”

(Franz Kafka, La Partida, relato contenido en La muralla china.)




Retrato de Augusto Monterroso (tinta sobre papel, 29 x 21 cm, abril 2009)



«Érase una vez una Cucaracha llamada Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha.»

(Augusto Monterroso, La oveja negra y demás fábulas)

jueves, 2 de abril de 2009

Manel Cráneo en el Fnac de A Coruña (19:30 h)



Xóves 2 de abril as 19:30 na FNAC Coruña, charla presentación de Os Lobos de Moeche coa presenza de Miguel Teixido (Euroeume) e do autor da obra Manel Cráneo.

OS LOBOS DE MOECHE

Aventura gráfica de Manel Cráneo que narra as memorias de Martín de Ferreira, un mozo da idade media que rematará convertíndose nun home do renacemento. A historia ten como telón de fondo as guerras irmandiñas de finais do século XV, onde o personaxe principal e o seu irmán, Lopo, veránse direitamente implicados nesta revolta social cruzándose con personaxes históricos como o lider irmandiño Alonso de Lanzós, o Conde de Lemos ou os Señores de Andrade. A obra mistura intriga, acción e unha gran carga dramática na liña dos grandes clásicos de aventuras de xénero histórico.

Os Lobos de Moche o edita Demo Editorial en colaboración con Euroeume e supón a primeira banda deseñada sobre as revoltas irmandiñas.

Durante máis de 15 anos, Manel ten publicado historias curtas en multitude de revistas e fanzines de todo o estado e o album Damsmitt (Ed.Dibbuks) no ano 2006, con guión de Kike Benlloch. Este é o seu primeiro album como autor completo.

Máis información en: http://demoeditorial.blogspot.com