miércoles, 15 de mayo de 2013

Una firma perdida en el tiempo


Alguien me envía un e-mail con el asunto “Pintura antigua”. Adjunta una fotografía del reverso de un  lienzo. Aparecen una firma, una fecha y un lugar: “P.Gallo, Navidad 1955, Mex. D.F.”. Me pregunta si conozco esa firma. Miro la fotografía durante unos segundos. Enseguida me digo que nada sé de la firma de ese cuadro. Aunque acostumbro a utilizar la firma “P. Gallo”, en 1955 todavía faltaban 20 años para que yo naciese. Barajo posibilidades. No es nada descabellado pensar que hace más de medio siglo vivió en México un pintor llamado Pablo Gallo. También es posible que esa P perteneciese a otro nombre, por ejemplo a Pedro, Pascual o Pancracio. Otra posibilidad que se me pasa por la cabeza es esta: en el futuro tengo acceso a una máquina del tiempo, viajo al pasado, concretamente a México D.F. en el año 1955, y firmo ese cuadro que de momento desconozco y que ahora alguien me envía a través de un misterioso e-mail con el asunto “Pintura antigua”.