martes, 30 de marzo de 2010

pinceles nuevos



Detesto los pinceles nuevos. He llegado ha conservar pinceles nuevos durante años, sin estrenarlos hasta que no me ha quedado otro remedio. Prefiero siempre utilizar los viejos pinceles, utilizarlos hasta que se queden sin pelo. Y aún así, sin pelo, prefiero los viejos pinceles a los pinceles nuevos. Cuando tengo que desechar un pincel que me ha acompañado durante mucho tiempo, cuando soy consciente de que nunca volveré a utilizarlo, siento una pena tremenda. Menos mal que esa amargura no dura más de diez segundos.

domingo, 28 de marzo de 2010

disoluciones

Disolución nº1
(acrílico sobre papel, 30 x 21 cm, marzo 2010)


Disolución nº2
(acrílico sobre papel, 30 x 21 cm, marzo 2010)


Disolución nº3
(acrílico sobre papel, 30 x 21 cm, marzo 2010)


Disolución nº4
(acrílico sobre papel, 30 x 21 cm, marzo 2010)



lunes, 22 de marzo de 2010

Los caminos del Libro del Voyeur son inescrutables

Retrato de la tía Nieves
(tinta sobre papel, 29 x 21 cm)


Retrato de mi padre
(acrílico sobre una vieja puerta de armario de cocina)

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He pasado unos días en Los Altos de Burgos. El sábado acudí al entierro de la tía Nieves, una tía de mi madre a la que tenía gran cariño y a la que visitaba siempre que iba al pueblo. Era una persona muy alegre y dicharachera, que habitualmente hablaba con expresiones castellanas que bien podrían hacer pensar en un personaje de Miguel Delibes. Al sepelio acudieron, desde Galicia, mis padres, tíos y primas. Habría unas cien personas. Durante el entierro, que se realizó en Dobro, un pueblecito en el que nacieron mis abuelos maternos y que en invierno debe tener unos veinte habitantes, me encontré con una prima lejana a la que hacía tiempo que no veía. Se llama Sonia y también vive en Bilbao. Me preguntó qué tal iba lo de pintar y le respondí que ahora ando metido en algún proyecto de libro. Me presentó entonces a Rafa, su pareja, y me dijo que él trabaja en una empresa de distribución de libros. Les hablé de El Libro del Voyeur y de Ediciones del Viento, la editorial que lo publicará en mayo. Entonces, Rafa, muy sorprendido, me dijo que en la empresa en la que trabaja, llamada UDL, tienen como cliente desde hace bien poco ha Ediciones del Viento. Así que serán ellos quienes distribuyan El Libro del Voyeur. Yo, también sorprendido, recordé que en navidades Eduardo Riestra, el editor, me había dicho que en breve iba a cambiar de distribuidora. Después Rafa me habló de diferentes editoriales y resulta que además trabajan con la Editorial Periférica, editorial con la que también estoy desarrollando otro proyecto que aún no tiene fecha de publicación.
Tras el entierro Ainara y yo comimos con mis padres. Después de comer les enseñé una serie de dibujos recientes. Les gustó especialmente un retrato que le hice a Tim Behrens, pintor inglés que reside en La Coruña, perteneciente a la Escuela de Londres y amigo de afamados artistas como Francis Bacon o Lucian Freud. Es un retrato que realicé a partir de una fotografía que me envío al móvil José Luis Ducid, cineasta y escritor argentino que colabora en El Libro del Voyeur y que también vive en La Coruña. En el retrato, debido a un problema en su ojo derecho, Tim Behrens aparece con un parche. Semeja un experimentado corsario británico.
Ayer domingo mis padres regresaron a La Coruña. Por el camino pararon a comer en Astorga, en un restaurante llamado La Peseta. De pronto, tras sentarse a la mesa, creyeron ver a alguien conocido. Ese alguien era Tim Behrens, con el parche en su ojo derecho. Aunque hasta aquel momento mi padre nunca había hablado con Tim, pero sabiendo que yo tengo cierta amistad con el pintor inglés, se acercó a saludarle. Se presentó y Tim se mostró sorprendido muy gratamente. Charlaron un rato. Hablaron del retrato que yo le hice hace poco, hablaron de El Libro del Voyeur, hablaron de Eduardo Riestra y de Ediciones del Viento, editorial en la que Tim Behrens, hombre inquieto que no sólo se ciñe a la pintura, publicó hace unos años una novela titulada El Monumento. Después llegó Diana, la mujer de Tim. Mi padre, despidiéndose, les preguntó si también ellos regresaban a La Coruña. Respondieron que no, que no sabían hacia donde se dirigían.


Retrato de Tim Behrens
(acrílico sobre papel, 30 x 21 cm, febrero 2010)


Tim Behrens, Lucian Freud, Francis Bacon, Frank Auerbach y Michael Andrews
(Restaurante Wheeler´s, Londres, 1962)


lunes, 15 de marzo de 2010

Dublinesca, de Enrique Vila-Matas

Fragmento de Los Iluminados
(114 x 146 cm, acrílico sobre lienzo, 2004)
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Somos muchas la personas que esperamos impacientes la aparición de Dublinesca, la nueva novela de Enrique Vila-Matas que mañana estará en las librerías. Y esperando he visitado su página web, y me ha hecho gracia encontrarme, en el lugar en el que se reune la información sobre Dublinesca, con un fragmento de una de mis pinturas, una pintura que permanece colgada en el piso en el que vivo.

Puede visitarse la página pinchando aquí:

viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes (1920 - 2010)

Miguel Delibes con milano en el hombro
(tinta sobre papel, 29 x 21 cm, 12 de marzo de 2010)
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"Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales."
Miguel Delibes

miércoles, 10 de marzo de 2010

Una confesión

Hogar dulce hogar, acrílico sobre lienzo, 81 x 100 cm, 2003
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Mi relación con el color ha sido siempre conflictiva. Esto es debido a que soy daltónico. Confundo ciertos colores, sobre todo ciertos verdes con ciertos marrones. Hay muchos grados de daltonismo, desde la persona que confunde levemente ciertos tonos de diferentes colores hasta la persona que ve en blanco y negro. Mi daltonismo no es extremo, diferencio perfectamente el rojo y el verde de un semáforo. Pero es cierto que hay otras tonalidades intermedias que se me escapan, que me crean una enorme confusión. El daltonismo o discromatopsia es una deficiencia de las células receptoras visuales, concretamente de los conos, que dificulta o impide la discriminación de ciertos colores. Esta afectación es variable según la iluminación. Por lo que dicen los expertos, las personas daltónicas percibimos diferencias más sutiles de luz que las personas no daltónicas. Quizá es por eso que la luz es una de las cosas que más me interesa captar cuando me pongo a pintar. Pintando camino siempre hacia la luz. Tal vez por eso acostumbro a utilizar tonalidades suaves. Detesto los colores fuertes. Los colores fuertes me molestan. Consiguen que entorne mis ojos cuando los veo. También creo que es debido a mi daltonismo que me guste tanto dibujar en blanco y negro. El 8% de la población es daltónica, muchos de una manera tan leve que nunca llegarán a saberlo. El daltonismo es hereditario. Hay antecedentes de daltonismo en mi familia materna, mi tío es daltónico. Estadísticamente afecta más a los hombres y a las personas de ojos claros. El test más conocido para saber si uno es daltónico es el de Isihara. Se trata de un círculo compuesto por muchos circulitos de colores en el que una persona daltónica verá dibujado un número diferente al que pueda ver una persona que no lo es. Recuerdo que cuando era niño tenía un diccionario en el que venía el test de Isihara. Algunos compañeros de clase, cuando les decía que yo veía un número distinto al que ellos decían ver, no se lo creían. Puede crearse una gran distancia, a veces incluso un muro, cuando uno ve las cosas de manera diferente al resto. Es cierto que la vida es una tómbola, de luz y de color.



Quien no sea daltónico verá en la imagen superior el número 8,
quien sea daltónico verá el número 3.



Quien no sea daltónico verá: 25, 29, 45, 56, 6 y 8
Quien sea daltónico verá: 25, 70 y un 3 en la última casilla.